El diario

Diario · Mayo de 2026 · 9 min de lectura

Sobre cómo escribir la frase callada

Hay una frase que llevo casi un año intentando escribir. No es una frase larga, ni ingeniosa. Es, en realidad, esa clase de frase ante la que podrías pasar de largo en un libro sin notarla — y eso es precisamente lo que quiero de ella.

Hay una frase que llevo casi un año intentando escribir. No es una frase larga, ni ingeniosa. Es, en realidad, esa clase de frase ante la que podrías pasar de largo en un libro sin notarla — y eso es precisamente lo que quiero de ella. Escribir lo callado es más difícil que escribir lo elocuente. Lo elocuente se sostiene solo: tiene su propio peso, su brillo, su pequeña vanidad. Lo callado, en cambio, depende enteramente del aire que lo rodea. Si las frases anteriores no han preparado el silencio, la frase callada no suena: simplemente desaparece. Llevo meses tachando. Y en cada tachón aprendo algo sobre el ritmo de un párrafo, sobre lo que una página puede aguantar antes de pedir, por fin, una respiración. Quizá ese sea, después de todo, el oficio: aprender a escribir la frase que no se nota, y confiar en que el lector la sienta sin saber por qué.

— D E R S

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